domingo, 8 de junio de 2008

El desayuno

o


COMPLACER A UNA MUJER es un conjunto cotidiano de acciones. Cada día es un collar, donde se van hilvanando, una a una, las perlas de la satisfacción. La primera perla es el desayuno, ritual de adoración tan provechoso como simbólico.

Me levanto antes que ella, con delicado sigilo, para hacerle el primer regalo: unos minutos más de sueño.

Luego, me dirijo al baño, donde me ducho y afeito. Vuelvo a la habitación y me visto en silencio. Me gusta contemplar cómo duerme.

Bajo a por el periódico. Nos gusta comentarlo mientras desayunamos, y a ella le encanta saber que ya he estado en la calle en tanto ella dormía; es un pequeño matiz que subraya mi entrega.

Ya en la cocina –mientras escucho, aún adormilado, las noticias-, me muevo con perezosa soltura. Mi dama es de gustos sencillos, sabrosos: yogur, pan integral con mermelada y zumo de naranja. Yo varío de un día para otro, me cansa desayunar siempre lo mismo.

Nada más entrar al dormitorio, hay una pequeña mesita donde deposito la bandeja; ese ruidito sí lo percibe ella, que se remueve entre las sábanas. Subo la persiana, sin descorrer las cortinas. Ella me mira por primera vez. Nos damos un beso, ella se incorpora y acerco la bandeja con el desayuno. Siempre acompañado del periódico, unas veces de una flor, otras de un poemita de buenos días.

(Hay días que desayuno antes, y le doy un masaje en los pies mientras ella toma su zumo. Me gusta vestirle; a veces, he de hacerlo con los ojos vendados, pues hay temporadas que no me está permitido verla desnuda).

Nos informamos de cómo va ir nuestro respectivo día laboral, hacemos planes y ella sobre todo se informa detalladamente de los míos; entonces, me pide con naturalidad que los cambie a su conveniencia, o me deja a mi aire, según el punto que le de. De sus planes, muchas veces conozco poco; tan sólo me dice “Llegaré hoy a la noche” o “Por si acaso, ten preparada la comida, pero no me esperes para almorzar”.

Lo recojo todo, y nos vamos a trabajar. La primera perla ya ilumina el día y se hace sonrisa: la promesa de ser el orfebre de su felicidad se ha renovado.

1 comentario:

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