o
La mujer tiene una visión de la sexualidad más reposada y emotiva, con menos tendencia a lo objetual o cosificado. Habitualmente, las disciplinas de bdsm buscan justamente lo contrario, esto es, la "obligación" de cosificar al hombre. Esto representa un rol erótico pasivo para quien resulta ser la cosa y un rol excesivamente activo para quien ocupa el lugar dominante. Seguro que muchas coincidís conmigo en que en numerosas ocasiones resulta una pesadez tener que disciplinar al hombre, insaciable en este aspecto, que cada vez te va llevando más lejos, hasta vivir escenas que, realmente no buscamos y las hacemos por él. ¿Dónde queda nuestro placer? ¿No es el objetivo de la dominación femenina sentirnos cómodas, satisfechas y felices?
Por ello, veo ideal el CFNM. Es un confortable subrayado de nuestra situación de poder respecto al hombre (él está desnudo, tú vestida)y no precisa de artilugios, sesiones o complicados formulismos. Es sencillo y efectivo y además lo deja en disposición de atenderte en lo que precises: tareas domésticas, masajes... No nos engañemos: a priori, quien realmente necesita el CFNM es el hombre, nosotras nos aprovechamos de ello ;-)
jueves, 1 de julio de 2010
cfnm (2)
lunes, 21 de diciembre de 2009
cfnm (1)
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El cfnm (clothed female, naked male = mujer vestida, hombre desnudo) es un juego erótico que parte de un principio sencillo: haga lo que se haga, las mujeres permanecen vestidas y los hombres están desnudos o se van desnudando progresivamente.
Este juego se construye basándose en tres pilares:
- La mujer ostenta el control del juego en todo momento. El hombre ha de asumir que no puede llevar nunca la iniciativa; no puede solicitar nada (que le toquen, por ejemplo) ni hacer nada (tocar a la mujer sin su consentimiento está absolutamente prohibido). De este modo, la mujer tiene plena libertad para desinhibirse y sacar su lado más juguetón.
- Está ideado para el placer de la mujer, liberándose de esta forma la mujer de la tradicional sobreatención al placer del hombre en todo lo que se hace. Por supuesto, el hombre obtiene placer (y mucho) al complacer de este modo a la mujer y es necesario que exista esa complacencia por parte masculina; una de las cosas que más le puede gustar a una mujer del cfnm es que precisamente sea el hombre quien lo proponga, entregándole las llaves de su voluntad. Pueden crearse escenarios de cfnm coaccionado, y funcionan bien en tanto que esa coacción sea entendida como pactada dentro del juego y no real.
- En el cfnm, la mujer es el sujeto deseante y el hombre el objeto deseable. La mujer es la protagonista y el hombre tiene el privilegio de ser el medio por el que la protagonista obtiene placer. Se produce de este modo la inversión de los roles tradicionales de mirar y ser mirado. Efectivamente, la mujer es habitualmente quien procura ser el centro de atención de las miradas masculinas. En el cfnm ocurre justo al revés: en un escenario cfnm, la mujer bien puede ponerse un bonito vestido o puede estar en vaqueros y camiseta: lo fundamental para que se produzca es que esté vestida... y que el hombre se encuentre desnudo, por supuesto ;-)
En internet hay cada vez más páginas sobre este tema (si ponemos en google "cfnm" salen, a día de hoy, 3.870.000 referencias), que sin embargo desvirtúan en su gran mayoría el sentido originario del cfnm. En la mayoría de ellas, es un festín sexual para el hombre, que acaba siendo masturbado por varias mujeres, haciendo el amor con ellas, maravilladas de su cuerpo... Una vez más, la egolatría masculina y su incapacidad para cambiar de lugar da como resultado escenas más dignas de un harén que de los tiempos actuales; la conclusión es categórica: aún en los juegos donde la mujer tiene el control, los hombres siguen imponiendo sus fantasías.
Todavía queda un largo camino por recorrer para que la mujer inicie (o recupere) su verdadera importancia en los juegos sexuales y asuma su visión personal del erotismo. De todas formas, seamos optimistas: el cfnm es un indicativo de que las cosas están cambiando y somos nosotras quienes tenemos que conseguir que no nos arrebaten los hombres esta sugerente idea: ellos, que se limiten a quitarse la ropa :-)
viernes, 25 de septiembre de 2009
El despertar
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La intermitente y aguda alarma de la lavadora interrumpió la deliciosa infidelidad que mantenía con Morfeo. Mis legañosos ojos enfocaban en primer plano a mi adorador sacando la ropa del electrodoméstico.
No podía negar mi enfado. Miré el reloj de la pared y tan sólo había permanecido dormida veinte minutos ¿no habría otro momento mejor para la colada?
Me puse en el umbral de la puerta y él se incorporó a los pocos minutos
-¡Qué prontito te has despertado!
-Sí...me ha despertado el final del lavado.
-Vaya, lo siento cariño...¿estás enfadada?
Cogí la bolsa de las pinzas, bajé toda su ropa y, una por una, fuí enganchándolas en el escroto. Esto es algo que a mi adorador le encanta y lejos de molestarle le excita, como seguidamente ocurrió. Sin embargo, en momentos así, a mí me sirve de tremendo desahogo.
-Sí, estoy cabreada-aclaré mientras terminaba de poner la última-ahora ya puedes irte bien lejos a tender.
Salí de la cocina y no volví al salón, sino al dormitorio. Antes de volver a conciliar el sueño, imaginé a mi adorador tendiendo y deleitándose con cada desenganche de pinza.
jueves, 10 de septiembre de 2009
I Congreso Internacional de Liderazgo Femenino
Hola, ya estamos de vuelta, tras unos meses ;-)
El motivo de nuestra ausencia ha sido delicioso: escribir una novela sobre dominación femenina, que nos ha tenido muy ocupados este verano.
La historia es como sigue: hace ya un par de años que teníamos la idea de escribir una novela y nos pusimos manos a la obra a principios de este año. Cuando tuvimos acabada la primera versión, enviamos el manuscrito a varias editoriales; algunas se mostraron interesadas y finalmente hemos decidido publicar con una editorial del sur de España. Este verano ha sido un continuo ir y venir de pruebas y correcciones (además de unos merecidos días de descanso). Estamos muy contentos :-)
Y qué mejor modo de regresar que con esta fantástica noticia, la celebración de un Congreso Internacional sobre Liderazgo Femenino. Os dejamos el vínculo, para que conozcáis esta interesante, equilibrada y realista propuesta:
http://www.liderazgofemenino.com/
Es un placer veros de nuevo.
Saludos,
Dama y adorador.
domingo, 10 de mayo de 2009
Ropa de invierno/ ropa de verano
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Está entrando el verano. En muchos hogares españoles, se repite la misma tarea: se guarda la ropa de invierno en cajas y trasteros; la ropa de verano, como una promesa segura de luz y color, vuelve a las primeras filas de los armarios.
Una puede elegir entre sentarse y contemplar cómo el hombre se entrega a tan ardua labor, de forma concienzuda y eficaz... o bien descubrirlo todo ya cambiado y en su sitio, al llegar a casa, tras un finde de escapada con las amigas.
Personalmente, prefiero la segunda opción.
domingo, 26 de abril de 2009
30000 visitas
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Este post no habla de nosotros, si no de quienes, con sus visitas, han hecho posible que mantengamos la ilusión de seguir publicando.
Dentro de poco más de un mes, se cumplirá un año que decidimos iniciar esta aventura, y estamos muy satisfechos con la respuesta que hemos encontrado y las amistades que hemos hecho.
Muchas gracias por dedicar un ratito de tu tiempo a pasarte por aquí ;-)
Seguimos viajando...
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domingo, 19 de abril de 2009
Creatividad
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Hundo la brocha dentro de la mezcla. El olor es suave y agradable. También opto por utilizar una delgada ramita. El otro día pasé por un parque y vi un montón de ellas tiradas por el suelo; pensé que me serían de gran ayuda. Para los detalles más minúsculos y exquisitos usaré palillitos de dientes. Cuanto más cantidad de líquido logre transformar con pictórica maña, más se apreciará la obra pasados los minutos.
Tengo varios modelos de motivos geométricos y vegetales, pero creo que al final optaré por rudimentarias fusiones.
Al son de mis sencillos utensilios de trabajo, mi adorador se relaja y excita intercaladamente. Por unos instantes, intento adquirir un rol de ancestral artesana que trabaja los secretos del arte y de la piel. El pulso me traiciona en ocasiones y con un trozo de papel intento borrar de la memoria del pene mis errores. Las curvaturas son ejecutadas con pequeños puntos, con rápidos ejercicios de muñeca intento plasmar largas líneas semi-rectas que lleguen hasta el glande: una serpiente, enredaderas florales, caracolas, lunares...
Satisfecha mi inspiración, hay que esperar a que la henna se seque. Sólo cuando esté cuarteada, será el momento de rasparla y retirarla. Mientras tanto, colmo de dulces besos la boca de mi adorador. Nuestras lenguas juguetean incansablemente viendo pasar el tiempo.
Las pieles son un entramado de caprichos y secretos: no todas aceptan el color de la natural composición y por supuesto no sé si en la piel genital se vislumbrará tanto como en la de los brazos o las manos. Estoy dispuesta a descubrirlo. Mi sexo se lo merece; es belleza y poesía, tan sólo las cosas más preciosas y refinadas tienen relación con él, entre ellas: yo.
miércoles, 1 de abril de 2009
Turismo
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Yo voy a la cocina para hacer turismo. Me acerco con curiosidad a ese país limpito de ricos olores. Allí viven, en edificios llamados despensas, botes de cereales y legumbres. Las frutas y verduras habitan La Nevera, un blanquísimo palacio de invierno eterno; en las alacenas y cajones, platos, vasos, copas y cubiertos esperan el momento de acompañar manjares y líquidos sabrosos, para luego ser recompensados con una estancia en un balneario que allí llaman lavavajillas.
En este curioso país, hay un habitante que destaca por encima de los demás. Su indumentaria es exótica y diríase que algo desvergonzada, pues consta la mayor parte de las veces de un simple delantal, cuando no está directamente desnudo. Eso sí, tiene una bonita colección de delantales, a la que contribuyo obsequiándole de vez en cuando con alguno cuando le visito.
Tiene costumbres extrañas -aunque provechosas-, que son agradables de contemplar, como verle traer las bolsas de la compra y distribuir su contenido ordenadamente, hacer el desayuno, la merienda y la cena (¡sí, chicas, él lo hace, y además con gusto!), activar el balneario o apretar botones de algo creo que se llama lavadora -¿será porque mediante ella me adora?-, de la que saca la ropa fragante y limpia.
Las pocas veces que viajo a la cocina, el habitante se muestra muy agradecido: suele darme la bienvenida con una poderosa erección, visible por su desnudez o aún más evidente si está imposiblemente disimulada por el delantal. Yo lo toco o lo manoseo a mi antojo, pero procurando que no se despiste de sus quehaceres: no quiero distraerle de su principal y necesaria ocupación, que es cocinar.
¿Qué significa este verbo? Chicas, yo tampoco lo sé. Y es que el idioma del habitante de la cocina está plagado de palabras para mí incomprensibles: batidora, exprimidor, detergente, olla, lavar, licuadora, estropajo, cazuela, fregar... Y sobre todo, cocinar, el verbo fundamental de este habitante.
Sin duda, es un país fascinante, que merece la pena visitar de vez en cuando, para contemplar sus tradiciones, hacer algunas fotos... y luego, volver a nuestro cómodo sofá.
viernes, 27 de marzo de 2009
Bostezos de placer
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Cuando estudio me aburro muchísimo; el saber tiene un precio muy alto y se cobra su cuota en cómodos bostezos. Es paradójico porque justamente es la doctrina económica enmarcada en mis apuntes la que provoca tales reacciones en mí. Es sábado y hace muy buen tiempo...¡qué menos!
Mi adorador ha pasado toda la mañana fuera atendiendo unos asuntos y después junto con sus amigos, y el sol del mediodía como compañero, ha degustado unas deliciosas tapas en los mejores bares y tascas de nuestra ciudad.
Yo no he podido asistir porque el deber intelectual me llamaba, y, debo reconocer, que, dentro de mí, se revuelve un sentimiento de ligera envidia mezclado con capricho intenso. Es bastante probable que fluya al exterior en forma de dominación.
Mi adorador se digna a aparecer en torno a las seis. Por mi parte, hace media hora que he abandonado a la microeconomía en el escritorio porque no puedo seguir soportando el alineamiento de la tarde.
Lo cierto es, que mi comunicación digital no se corresponde en absoluto con la analógica:
-¡Qué tal cariño?
-Bien
-Uy, uy...que raro ha sonado ese bien...
-No,no...fenomenal...de verdad
-¿Sí? ¿qué tal la economía?
-Bueno, bastante aburrida...casi no he llegado al tema 5.
-¿Parece que no te ha cundido demasiado no?
-¿A ti sí?-respondo con una mirada afilada y brillante como la hoja de un cuchillo.
-A mi sí, hemos estado en...
-Una buena comilona ¿no?
-Sí, y después nos hemos tomado un café...
-...en donde siempre ¿no?
-Si...
(silencio)
-Te he recordado durante todo el día...
Es difícil ablandar el semblante, pero no puedo evitarlo; aunque se de sobra que él lo hace porque sabe que se lo estoy demandando ñññggg...¡hombres!
-Vamos al cuarto.
Enciendo el ordenador y con uno de mis pañuelos vendo sus ojos. Me quito los vaqueros y las bragas y a continuación busco esa página de videos porno amateur que tanto me gusta y distrae.
Ya estoy sentada en la silla, con las piernas apoyadas en el mueble y la pantalla entre mis pies.
-¿Dónde estás?
-Búscame guapito.
A cuatro patas y con las manos identifica la silla y busca mis muslos. Es como un buen gatito: su instinto y sentidos son su mejor amuleto.
La lengua se hunde en mi sexo; que por cierto hace semanas que no depilo porque sencillamente no me apetece nada hacerlo.
Con mi mano empujo su cabeza al interior de mi fuego y la muevo y coloco como más me conviene bajo la batuta de las sugerentes imágenes de los videos.
En esas páginas hay demasiada hegemonía masculina, demasiada sexualidad forjada en un esquema que huele a cerrado. Tarde o temprano, las mujeres abrirán las ventanas para que corra al aire...exactamente como lo hago yo ahora.
Me encuentro especialmente reivindicativa...mi adorador ha estado muy desprendido hoy. Se que forma parte de su identidad y de su personalidad, pero una dama es como es y con eso también tendrá que vivir.
Llega el orgasmo y mis bostezos de placer.
domingo, 22 de marzo de 2009
Ella mira
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Vivimos en un ático. En el de enfrente, hay un vecino que no tiene cortinas. Además, tiene dos costumbres arraigadas: no baja jamás las persianas y gusta de pasearse desnudo. Probablemente lo hace por estar más cómodo, aunque muchas veces busca, como quien parece que no lo hace, la presencia de mi mujer. Si la ve, muestra su cuerpo con estudiada lentitud, demostrando su agradecimiento con alguna que otra erección. A mi mujer le encanta mirarle: piensa que los hombres han nacido para ser vistos, mirados y admirados.
De este modo, algunas tardes de primavera y ciertas noches de verano transcurren triangularmente, y los ojos de mi mujer, mi lengua arrodillada acentuando su placer y el cuerpo del vecino hacen una perfecta simbiosis: ambos la servimos, ella es complacida y los tres somos felices.
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domingo, 8 de febrero de 2009
El secreto (versión dura)
-¿Estás segura de que quieres hacerlo?
-¿Tú no lo estás?
En su rostro apareció una leve sonrisa nerviosa y se hizo la sorprendida.
-Sí, sí yo lo tengo claro...lo que ocurre es, que nunca se me pasó por la cabeza que te gustasen estas cosas...
-Bueno, yo tampoco lo esperaba de ti sinceramente...
Sus labios se apretaron con más fuerza si cabe.
-Lo que quiero que quede claro, aunque ya te lo haya repetido unas cuantas veces, es que si en algún momento no te sientes cómoda, simplemente te vayas...lo entenderé perfectamente.
-Tranquila, se que contamos con la suficiente confianza para hacer eso sin que te molestases por ello.
-De acuerdo...me dejas más tranquila.
Mi amiga y yo bajamos toda la calle hacia abajo. Había estado toda la mañana lloviendo y el cielo aún estaba gris. Era una tarde de sábado ideal para tomarse un té calentito; por eso decidimos ir a nuestra tetería favorita.
Atravesamos la puerta. Como siempre la intimidad y el confort emanaban de las alfombras, las cachimbas, los tés humeantes y las cálidas carcajadas grupales. A nosotras nos gustaba especialmente la planta de arriba donde además se respiraba la bohemia.
Ya en el rellano nos cruzamos con el Chapi, niño rico y dibujante que le encantaba jugar a ser hippie o a Blasa, que le fascinaba “vivir del cuento”. Gracias a las fantasías infantiles podía pagarse el alquiler.
Lo bueno de aquella segunda planta, era que las paredes, personas y camareros eran ciegos. Casi casi se trataba de un encantamiento. Todo lo que sucedía entre aquellos grandes almohadones y tras las cortinas con motivos nazaríes quedaba sepultado como un gran secreto bajo los tablones de madera del suelo y no se filtraba nunca ni a la primera planta ni a la calle. Por eso era un sitio elegido por artistas... era un sitio escogido por los más morbosos.
Atravesamos un pequeño patio con pasarela y nos situamos en la última estancia. Allí sólo había una pareja en la típica esquina “comprometida”. Nosotras elegimos dos mesas que estaban juntas, cerca de la ventana. Pedimos un te rojo y otro de canela y esperamos un rato hablando de trivialidades.
A la media hora, y tal como lo había confirmado, llegó mi adorador:
-Buenas tardes señoritas ¿qué tal todo?
-Muy bien-respondí-charlábamos de todo un poco.
-¿Ah sí? ¿de qué?
Con mucha sutileza, y facilitando la labor, mi adorador se hizo paso entre las mesas y se sentó entre las dos. La conversación se alargó otro tanto...pudieron ser un par de horas y cuatro tés; estas cosas necesitan de su tiempo. Tiempo para que todos los implicados se mentalicen y cojan confianza.
Pero al cabo de aquellos 180 minutos el repertorio de temas se había acabado y lo que más me divirtió fue como mi adorador se las apañó para terminar hablando de embutidos para crear atmósfera.
-...pues si hijo...está hasta las narices de la tienda. Ha pensado unas cuantas veces en venderla, pero al final no se lanza. Lo entiendo por otro lado, porque una carnicería da mucho dinero y su mujer le echa una mano.
-A mi una carnicería me parece un sitio muy erótico y sugerente...
Mi amiga empezó a sonrojarse de nuevo, sobre todo cuando dirigió una mirada al resto de la habitación y comprobó que estaba bastante llena de gente. Sin embargo, lo que iba a acontecerse entre nosotros, era de las cosas más “light” que podían sucederse en un sitio como aquel.
-Bueno, no todas las mujeres necesitamos una carnicería para poder disfrutar de buenos salchichones, sugerí.
Mi mano fue directa al paquete de mi hombre y comencé a sobarlo con tranquilidad. Él cerró los ojos y se sumergió en las sensaciones concentrándose en mi mano habilidosa. Miré a mi amiga, que miraba con los ojos muy abiertos la escena.
Besé los labios de mi adorador y mi boca se desplazó hasta su cuello. Un cuello tentadoramente masculino. Mientras repasaba su nuez varonil con mi lengua, eché una mirada de reojo: a ella parecía estar haciéndosele la boca agua a pesar de preferir mantenerse al margen.
Adorador empezaba a tener calor y se quitó la sudadera. Debajo, una camiseta que no tardé en quitar yo, dejando al descubierto un torso pulcramente depilado y con claras marcas de gimnasio. Ella codificó todos los detalles de ese cuerpo que era el mío. Le apreciaba y por eso había decidido compartirlo con ella, prestárselo como quien presta una falda o un libro...podía elegir.
Toqué los brazos, toqué su abdomen, estimulé y pellizqué sus pezones...
-¿Te gusta?
-Está muy bien...
-¡Ya te digo!
Él sonrió relajadamente pero no miró en ningún momento a mi amiga. Sabe que él es el objeto pasivo y que sólo se deja hacer...nada de iniciativa.
Desabroché el pantalón...esos ojos curiosos seguían espectantes. Cuando la gran prodigio de la naturaleza quedó liberado no pudo evitarlo:
-¡Joder!-se puso una mano en la boca-impresionante.
-Sí, lo es...
-Echa un montón de líquido preseminal...¡está empapado!
-Sí, eso es lo que más me excita
-¿Hey, chicas habéis visto esa polla?
Las tres miradas se dirigieron a un grupo de amigos que estaban en frente nuestra...las chicas silbaban y se reían:
-¡vaya festín os vais a pegar cabronas!
-Sí...(dijo mi amiga más animadilla)
Cogí su mano y la puse en el tronco de mi pene. Ella le miró y efectivamente seguía absorto, con los ojos cerrados.
-Pásalo bien, igual nunca puedes volver a vivir una oportunidad así...¿no crees que merece la pena?
Con mi mano aún encima de la suya, inicié la masturbación. Entre las dos ejecutamos la paja. Con la otras mano que le quedaba libre tocó el pecho de mi hombre e incluso se atrevió un poco con su cuello. Cuando la ví lo suficientemente animada la dejé sola y yo volví a los labios de mi adorador.
Él permanecia callado, pero eso no significaba que no tuviera nada que decir. De hecho no tardó en manifestarse su opinión al respecto: eyaculó enseguida, y es que a mi amgia no se le daba nada mal.
-Ahhhhhh, ohhhhh, mhhhh...
-Dios, como se corre...(dijo casi gritando)
-No me extraña, yo también me correría así (secundó un graciosillo).
-Ten, límpiate.
-Bueno, yo tengo que irme, ya te llamo mañana..¿vale?...A...Adios.
Salió disparada como un rayo entre las ovaciones del dinámico grupo de enfrente- Sólo entonces mi adorador abrió los ojos y me lanzó la pregunta.
-¿Crees que le habrá gustado?
-Acabamos de contribuir al nacimiento de una nueva mujer dominante.
lunes, 5 de enero de 2009
Lamer
Lamer es un modo húmedo de amar.
No hay prisas ni relojes en el acto de lamer; si acaso, puede haber urgencia en comenzar, incluso puede darse cierto requerimiento acelerado. Luego –es decir, nada más principiar- el lamedor se concentra, cierra los ojos y abre la boca. Desde este momento, sólo existe el ritmo: más suave o más veloz, más disperso o más intenso. La lengua se entrega al juego de ser certera como una flecha o blanda como una esponja. Traza círculos concéntricos por el pubis, se pasea por los labios, acaricia con la punta el clítoris. El sexo femenino es un universo infinito, tan cambiante como eterno: ese secreto lo conoce –y disfruta- un buen lamedor.
Lamer es ser el mar; acompasar tu ritmo a una cadencia justa, rebosante de tranquila energía. Lamer es saber ser el número necesario de olas para provocar una callada tempestad en nuestra amada, sin esperar más recompensa que hacerla feliz en esos instantes.
Porque lamer es amar.
lunes, 22 de diciembre de 2008
Clase de hogar (2): la adoración
La clase se queda pensativa ante la pregunta de la profesora. Ésta taconea impaciente, y eso le recuerda lo bien que le quedan las botas de cuero sintético que le compró su marido. Se cruza de brazos y comienza a pasear por la clase, dejando discurrir a los chicos, inmersa en el rítmico sonido de sus tacones; algún chico se queda absorto mirándola, hinoptizado, contemplando su inalcanzable poder de mujer madura: la promesa del futuro.
- Adorar es un verbo que engloba muchas cosas –acierta a decir uno, que hasta entonces no había hablado, y creo que se tiene que adaptar a lo que la mujer requiera; lo que para unas puede serlo, para otras no, y lo importante es que la mujer esté satisfecha.
- Para mí -dice la chica que está a su lado, es algo muy claro: yo lo encuadraría en servicios íntimos: dar masajes, lavar el pelo, hacer la pedicura y la manicura; debería saber hasta maquillarme, que a veces me da una pereza...
- Ambos habéis dado la respuesta correcta –dice la profesora. El hombre ha de estar pendiente de los deseos de la mujer, es su función primordial, y la mujer tiene que conocer sus propios deseos, profundizar en ellos y desarrollarlos. Para ti, adorarte significa lo que has dicho; para otra mujer, quizás sea llegar a casa y encontrarlo todo limpio y en orden; puede que para una tercera mujer sea que su hombre cuide su cuerpo para que ella disfrute de él... La adoración a la mujer es una copa, que cada mujer llena con la bebida de sus propios deseos.
- Vaya, yo también quiero todo eso –dice la chica. ¿Tú estarías dispuesto?, le pregunta al chico.
- Y a más. Con tal de complacerte, lo que sea.
Un aplauso espontáneo arranca de las chicas de la clase. El chico se pone colorado; los demás, le miran con envidia.
- Entonces, la lista puede ser interminable... –dice otra chica- ¿Hasta qué punto podemos exigir ser adoradas?
- Eso lo marca el sentido común, querida. No se trata de tenerlo todo, si no de tener lo mejor. Dominar es una responsabilidad, aún en el capricho, y tenéis que acostumbraros a ejercer esa potestad con sensatez y naturalidad.
La clase asiente; algunos toman notas. La profesora sonríe satisfecha. Éste parece ser un buen grupo; está deseando que transcurra rápido el primer trimestre y pasar a las prácticas: seguro que van a ser muy interesantes.
sábado, 29 de noviembre de 2008
Clase de hogar (1): la pirámide de las tareas
- Chicos, es importante, a la hora del planchado, hacerlo de forma cómoda y en una buena superficie. A la hora de comprar una tabla para planchar, se debe tomar en cuenta que ésta sea regulable, manejable y no muy pesada. Además, hay que fijarse que la funda sea material ignífugo: la seguridad es muy importante.
- ¿Cúal es la mejor plancha?, pregunta interesado uno.
- No nos adelantemos, ya contestaremos a eso después. De todas formas, es agradable comprobar vuestras ansias por saber. El planchado es una faceta fundamental en las tareas domésticas, y un hombre ha de saber hacerlo, como mínimo, a la perfección.
Todos miran a la profesora con atención; estaban deseando empezar este trimestre.
-En el resultado de esa labor influye de modo determinante nuestra supervisión, ¿no?, pregunta una chica.
- Por supuesto. Tan importante es trabajar bien como revisarlo concienzudamente.
- Pero... –dice otra chica, con cierto tono burlón- no será necesario estar todo el día encima del hombre indicándole cómo tiene qué hacerlo y cómo no... Porque si es así, menuda lata.
- Tienes toda la razón; hemos nacido para ser complacidas, no para vigilarlos. Pero eso no quita que aprendamos a distinguir cuando se trabaja bien y cuando no.
- Además –tercia el chico que habló primero, la supervisión de un buen planchado es sencilla: se realiza en el momento de ponerse la ropa.
- Oye, que no es tan fácil. Hay que revisar que no haya arruguitas, que los pliegues estén bien perfilados. ¡Anda que no os pone cuando nos ponemos examinadoras!
Un coro de risas estalla en la clase. La profesora espera hasta que cesa.
- Muy cierto es lo que dices –dice, y aquí se puede ver una de las bases de nuestro poder: a ellos les excita servirnos. Por ello, a veces precisan de estas escenas caseras, en las que subrayamos su adoración y nuestro dominio. Al principio de las prácticas, os parecerán estas revisiones gratuitas, y en cierto sentido, un modo erótico de pagar sus servicios; poco a poco, iréis viendo que no son sólo divertidas, si no también estimulantes y necesarias, tanto para comprobar realmente el trabajo doméstico de nuestro hombre como para afianzaros en vuestra postura. Las mujeres tenemos que aprender a ser lo que siempre fuimos: las diosas vivientes de los hombres.
Ahora hay un murmullo de aprobación en clase. Las chicas sonríen, los chicos se muestran expectantes y excitados.
- ¿Cuándo empezamos las prácticas?, pregunta la chica de antes.
- Al final de este trimestre –responde la profesora, mientras empieza a escribir en la pizarra. Cuando hayamos estudiado en clase la pirámide de las seis tareas domésticas fundamentales:
cocinar comprar
lavar limpiar planchar
- Evidentemente, estos verbos son de conjugación masculina; las formas pronominales femeninas -ella, nosotras, vosotras y ellas-, no se usan.
- ¿Hay verbos exclusivamente femeninos?, pregunta un chico.
- Así es: ordenar, supervisar y corregir.
- ¿Y comunes a ambos sexos?, interroga otra chica.
- Dos: amarse y disfrutar.
- ¡Qué asignatura tan interesante! exclama convencida.
- ¿Verdad que sí? A ver, ¿alguien podría decirme en que labores podemos subdividir “adorar”?
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Mañanas de domingo
Iba yo tan tranquila, caminando en medio de las hileras de puestos mercadillenses-domingueros, cuando uno atrajo especialmente mi atención, iluminando mi mente perversa.
Eran juguetes para niños. Había muñecas, coches de carreras, libros infantiles, puzzles...y utensilios de playa: cubos, palas, cantimploras, moldes para hacer figuritas en la arena...¡moldes para hacer figuritas en la arena!
Mi adorador estaba viendo la tele en la habitación e irrumpí como un morboso huracán:
- ¿Puedes bajarte los pantalones y calzoncillos por favor?
- Ehh...claro...
- Ahora vuelvo.
Fui al cuarto de baño y busqué en el armario y en los cajones como si estuviera poseída por el diablo de la excitación...¡encontré lo que buscaba!
Cuando regresé al cuarto, a mi adorador le había dado tiempo a quitarse los pantalones y los calzoncillos sí, pero también la sudadera, la camiseta, e incluso había adquirido una parcial erección.
Enchufé la maquinilla de afeitar a la toma de nuestro nido de entrega masculina y saqué de mi bolso la espiral de plástico que compré en el mercadillo. Era curva como el caparazón de un caracol y además, no era cerrada; entre curva y curva había una ligera separación.
Coloqué mi entrañable juguetito en el pubis de mi adorador, y con sumo cuidado rapé todo el vello, prestando especial atención a los espacios inter-curvilíneos del molde de playa, pues a la máquina le costaba hacerse hueco.
- ¿Qué tal ha ido la mañana, reina?
- Muy bien. He comprado fruta y unas láminas para enmarcar que me han encantado.
- ¿Estaban bien de precio?
- Pues no eran muy caras la verdad...5 euros cada una. He comprado tres.
- Te dejaré el dinero en la mesilla (sonrisa cómplice).
Cuando por fin quedó pulcramente afeitadito, retiré la espiral y comprobé satisfecha mi trabajo...que aún estaba incompleto.
- Vaya, ¿qué es? ¿un laberinto de placer?
- No, una piruleta.
- ¿Una piruleta?
Comencé a masturbar su pene y a hacerle sexo oral. Hacía un par de semanas que no lo probaba. Seguía tan suculento como siempre. Las primeras gotas de líquido preseminal refrescaban mi sedienta boca como el más completo de los elixires.
Pudieron pasar unos diez, quince minutos. Mi adorador tiene un gran control de su erección y de la eyaculación, pero yo conozco su pene tanto como él y mi técnica es precisa en función del objetivo que persiga.
-Buff, si sigues así no podré aguantar.
-Pues aguanta...
El pene cayó con una erótica gravedad sobre el rasurado pubis de mi hombre, y justo debajo de mi currada espiral. Salté de la cama y cogí del cajón de la mesilla de noche la cámara de fotos.
Me puse de pie y en frente de él, encuadrando desde arriba con el objetivo de la lente mi piruleta. Tomé un pene, y una foto también.
- Bueno cariño, ¿vamos a comer algo?
Esta mañana iba en el autobús, camino del trabajo. Siempre voy leyendo. Cuando he llegado a mi parada, he colocado la foto de mi piruleta en el comienzo del capítulo número ocho. Es el mejor marcapáginas. Es la mejor forma de endulzar mis mañanas.
jueves, 9 de octubre de 2008
El momento de la semana...
Saludo a las camareras, que ya me conocen, y cruzo el hall principal para atravesar un pequeño corredor que me lleva a la parte posterior del local. Allí me espera mi adorador, en nuestro sofá. Él toma un batido tropical, y el chocolateado y siropeado vaso contiguo es el mío. Le saludo y me siento junto a él. Después de un distendido rato de conversación, paga y nos vamos.
En primer lugar vamos a nuestra librería predilecta a hojear unos volúmenes (nos gusta perdernos entre pasillos, estantes, pastas y letras). Mi adorador me pasa la lista confeccionada a ordenador. Encuentro el par que me hace falta y después vamos deteniéndonos, más tranquilamente. Al final, en vez de dos, son cuatro. Él no ha localizado nada de su agrado. Vamos a la caja y paga los libros. Salimos.
Me rodea con su brazo y nos dirigimos a una de las perfumerías que frecuentamos; tiene que comprarle un regalo de cumpleaños a una amiga. Bueno, esa era la trampa, en verdad es para mí. No he tardado en darme cuenta de ese detalle; se ha desvelado en el momento en que ha cogido una de mis favoritas, de hecho casi la que más: “Very Irresistible” de Givenchy. Además, ha habido suerte, porque nos han obsequiado con un precioso neceser y una bolsa para la playa. Bueno...el precio de la colonia si que ha tenido que abonarse, pero de eso se encarga mi adorador.
Acabamos de salir de la perfumería, cuando de pronto topamos con un Woman's Secret. Me mira y con mis ojos apruebo. Un conjunto de tanga y sujetador y unas zapatillas de estar por casa. Todo a su cuenta.
La tarde nos va diciendo adiós con el crepúsculo y noto que mi estómago está ronroneante. Mi adorador...¿o debería escribir mi comprador? me pregunta si me apetece comer algo; yo no tardo en asentir.
La última parada es en nuestra pastelería más predilecta, donde compramos unos pastelillos para llevar y una milhoja para llevármela yo, e írmela comiendo por el camino de regreso a casa... ¡que rica!
-¡Oh!...tengo que pasar por otro sitio antes...un momento, espérame aquí.
Se aleja corriendo, con todas las bolsas enganchadas en ambas manos. Mi amante amerengado y yo, le esperamos. Al cabo de quince minutos, retorna con una bolsita más.
-¿Que has comprado? (saca un botecito de aceite de masaje corporal y lo abre).
-Mhhh...huele a limón.
-Y a lima... ¿te apetece uno íntegro para cuando lleguemos?
Me cuelgo de su cuello como una mona que no va vestida de seda sino de restos de pastelería.
Cuando llegamos a casa, me descalzo y me tiro en el sofá. Él va a colocar todo lo que hemos comprado. Mi ejercicio zappingero es interrumpido por su llamada desde el cuarto. La habitación ya está en ambiente: música chill out, velas aromáticas, toalla en la cama y mi adorador completamente desnudo a un lado esperando.
Me tumbo en la cama y me dejo envolver por sus experimentadas manos. Concilio el sueño en un momento dado, y a la mañana siguiente me despierto tapada y con una piel suave como el algodón. Mi adorador aún permanece a mi lado.
Con una sonrisa vuelvo a adentrarme, poco a poco, en un gustoso agotamiento. El último pensamiento que tengo aún, ha de batallar con Morfeo: el momento de la semana que más me gusta, es sin duda el viernes por la tarde.
lunes, 29 de septiembre de 2008
Lacística: el regalo
Estaba intrigado y no sabía muy bien que podía ser. El envoltorio de joyería le daba pistas pero no resolvía el enigma.
Me miraba con una sonrisa tensa, petrificada; de mí podía esperarse cualquier cosa y por eso su cara era como un retrato a medio terminar.
Rompió el papel y tiró con fuerza de los trozos de celo que lo fijaban a lo que, probablemente, podía ser una cajita. ¿Un colgante, un anillo...? Él sabía que a mí no me iban ese tipo de regalos...¿pero entonces?
Abrió la caja y se encontró con una chapita de plata. ¿Un colgante? ¿podía ser? No, no lo era. Era un trozo de metal abandonado en ese pequeño colchón de goma-espuma.
Seguía un tanto confundido y pensó que mis ojos serían la clave del jeroglífico, el camino hacia la verdad...
-El regalo no está completo aún...
Saqué de mi bolso una bolsita de plástico: en su interior había un amasijo de colores.
Ahora empezaba a atar cabos y a comprenderlo todo. Lo que nunca se había hablado ya era una realidad. Abrió la bolsa y todos los rasitos cayeron sobre la colcha: rojo,verde, amarillo, azul, morado, rosa...Ahora la sonrisa era sincera, relajada, armónica...satisfecha.
Le dí un beso y susurré a su oído. La sonrisa se transformó en una radiante carcajada.
Salimos de casa, de la mano, conversando sobre trivialidades, riendo traviesamente después de cualquier tontería que decíamos.
Llegamos a la joyería -otra que nada tenía que ver con la primera-, sacamos la chapa y le dijimos al joyero lo que queríamos grabar por delante y por detrás.
El hombre fue muy profesional y en ningún momento dijo nada, aunque supongo que nos convertiríamos en el plato principal de sus comidillas entre amigos y familiares durante mucho tiempo. Seguro que nos colocaría la etiqueta de anécdota de por vida.
A los dos días regresamos. A mí me dio la impresión de que se reía, pero quizás sólo eran imaginaciones mías. A lo mejor no éramos la primera pareja de morbosos que se pasaban por allí y estaba más acostumbrado de lo que creía y parecía.
Nos dio nuestra pieza y nos dejó solos. Mi adorador me miró esperando aprobación: me gusta, afirmé.
Esa noche era la última del lazo mostaza. Cuando se ata esa tira de color, debe permanecer sin masturbarse el tiempo que a mí me plazca y la última noche, le masturbo y juego con su pene -lo retuerzo,sobo, aprieto, acaricio, lamo-, y termino observando su potente eyaculación, que es especialmente abundante. Me encanta asistir a un espectáculo como tal: lluvia de orgasmo.
Después de limpiarse, se quitó el lazo y lo cambió por otro. Esta vez el lazo, además de rodear su tronco, sirvió para colgar la chapa que identificaría, ahora de forma explícita, la condición de mi pareja:
Por delante: tus goces son leyes para mí.
Por detrás: Damaravillosa.
viernes, 19 de septiembre de 2008
De leonas y gacelas
Me despierto en torno a las once de la mañana. Primero voy al cuarto de baño y después a la cocina. Con el estómago lleno, regreso al dormitorio y subo la persiana; él, poco a poco, intenta abrir las suyas.
Me abalanzo sobre su cuerpo, como la leona lo hace sobre la gacela, y cubro su rostro con una capa de besos y caricias... ¡qué morbazo tiene por la mañana!
-Mhhh... ¡raspas!
-Lo sé. Tendré que afeitarme, no quiero dañar la aterciopelada piel de esa carita tan bonita.
Con una sonrisa, retiro las sábanas y contemplo su torso mañanero. Mis manos ejecutan la exploración y reconocimiento de cada poro de su piel, hasta que llego a una superficie de algodón y poliester que retiro suavemente... ¡debajo, el sol! Ahora sé el porqué de este día tan nublado y lluvioso.
Me desnudo y me sitúo encima de él. Recuesto mi cuerpo sobre el suyo y beso su cuello; puedo sentir su expectación, sus leves jadeos, su deseo... Acaricio sus brazos, pellizco sus pezones. Casi sin darme cuenta, y después de un rato, mi pelvis comienza a balancearse.
Me gusta masturbarme sobre superficies que sean lo suficientemente rígidas como para que mi clítoris pueda estimularse, pero no tan duras como para que puedan dañarme. Por tanto, debe debatirse continuamente entre la relajación y el control, entre su placer y el mío: que, al final, se traduce en el mío.
Mi vulva lava la cara de su miembro con mi excitación; el glande es la mejor parte para los movimientos circulares.
Ahora me apetece colocar las piernas en posición de rana debajo de la suyas, ahora me apetece que las levante de nuevo y me deje estirarlas. Ahora me apetece que me acaricie un poco, ahora que se quede quietecito.
Estiro mis brazos por debajo de la almohada y meto mis dedos entre el colchón y la cabecera de la cama; aumento el ritmo con energía y empiezo a sudar. Mis caderas imprimen un brusco balanceo a todo su inmóvil -pero a la vez- dinámico cuerpo.
Todo mi organismo está en tensión, sobre todo mi acelerado corazón: pareciera que corro una maratón, y realmente es el sprint lo que hace que me corra.
Mi cuerpo se estremece entre exquisitos latigazos. Mi vulva se convierte en una húmeda ventosa que se adhiere al miembro. Seguro que los vecinos de la pared contigua pueden oír mi respiración.
-¿Puedo afeitarme ya?
-¡No sólo puedes, sino que debes, cariño!
viernes, 5 de septiembre de 2008
El hombre objeto: escabel
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Escabel
(Quizá del cat. ant. escabell, y este del lat. scabellum).
1. m. Tarima pequeña que se pone delante de la silla para que descansen los pies de quien está sentado.
Entre los usos que pueden obtenerse de un hombre solícito, uno de los más relajados y gozosos es el de escabel. Acompaña normalmente tardes o mañanas ociosas, en la que una gusta de estar leyendo o viendo la tele, inmersa en una dejadez indolente, sin nada más que hacer que dejar pasar las horas.
Por supuesto, la casa tiene que estar limpia y ordenada –sin exceso, no soy una maniática en ese aspecto-, y por ello le prevengo a mi chico que aligere en sus tareas, que lo requiero libre de cargas. Los móviles y demás comunicaciones con el ruidoso exterior han de estar silenciados; en mi mente he colgado el cartelito de “no molestar”. Quiero tranquilidad y disfrutar sin interrupciones de mi poder de reina de los días de mi cariñoso súbdito.
Una vez creadas las condiciones, me siento en el sofá, rodeada de libros, revistas, el mando de la tele y algunas chuches... un zumo o un batido también son complementos bienvenidos ¿Todo listo? Bien, es el momento de llamar a mi mueblecito obediente.
Norma fundamental: tiene que estar desnudo y aún más, sentirse desnudo. Así, cuando pongamos nuestras piernas o pies sobre su espalda, podremos percibir su entrega, su estremecimiento agradecido de ser útil en estos momentos. En ocasiones, puede ser divertido vendarle los ojos y/o atarle el sexo con una larga cinta de raso (que en su extremo, llegue a nuestra mano...), pero no es imprescindible.
No mostremos interés en su erección ni en su cuerpo: para que la transformación en escabel sea perfecta, han de resultarnos sus reacciones y sus encantos transparentes: es un precioso mueble, nada más, y él ha de saber que es así, para que adopte la postura y la paciencia precisa para no moverse en un largo rato. No es momento de excitación, si no de relajación.
Porque colocado en la posición que más nos convenga – normalmente, recogido sobre sí mismo, ofreciendo su espalda como apoyo, o tumbado boca arriba o boca abajo, según nos de el capricho-, tiene que permanecer así justamente el tiempo que precisemos. Es muy importante este punto, pues para un relax sosegado, hemos de olvidarnos de él y concentrarnos en nuestra lectura o en la peli que estemos viendo... Y entonces, de vez en cuando, salimos de nuestra abstracción y somos conscientes de tener a nuestro servicio a un hombre encantador, capaz de muchas cosas por ti, por tu felicidad. El goce se multiplica, y una tarde cualquiera se convierte en una tarde única.
Sonríes, le miras agradecida y vuelves a embeberte en tu placer.
sábado, 23 de agosto de 2008
De mini-vacaciones, órdenes y deseos
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Este fin de semana, mi dama se ha ido a una localidad costera del Levante, a pasar unos días en un apart-hotel con dos amigas. Tanto ella como yo, de vez en cuando, viajamos por nuestra cuenta. Pensamos que en una relación es sano tener cada uno su espacio, y la confianza mutua es fuerte y cómplice.
Cierto es que si yo salgo de viaje he de procurar dejarle hechas varias comidas, y que me esperan al llegar varios turnos de lavadora extra; del mismo modo, cuando es ella la que viaja, soy el encargado de hacerle la maleta, reservar el hotel y cuantas cosas hagan falta en su viaje, además de gozar de algunas tareas extraordinarias, como hacer una limpieza a fondo o pintar el piso: a ella le encanta encontrarse un cambio tras el viaje, y saber que me he ocupado en satisfacerla mientras ella se divierte.
En esta ocasión, no me ha dejado ninguna instrucción en especial; muchas veces es así. A ella no le gusta decir siquiera “hay que limpiar” si no que, cuando lo piense, ya me haya encargado yo de limpiar. Esto no quiere decir que siempre sea de la misma forma: cuando ella desea algo que yo no le ofrezco, simplemente lo pide. Sin distanciamiento, con cariño. Sabedora de que voy a hacer todo lo posible por llevarlo a cabo.
Porque no pensemos que se trata de adivinar sus deseos, ni de adelantarse a ellos: sencillamente, hay que cumplirlos. No importa que salgan de mí o de ella: una relación de dominación femenina se basa en satisfacer a la mujer, no en recibir sus órdenes. Estar todo el día dirigiendo la vida a un hombre es aburrido, recibir su entrega es cómodo, y es el confort de nuestra dama el premio que ansiamos obtener.
Por eso, un adorador que se precie, ha de ser un hombre activo y dispuesto, que parte siempre del principio que, cuantas menos órdenes, mejor. Y sobre todo, hemos de ofrecernos voluntarios, y desde nuestra libertad, ofrecernos; ella ha de ser consciente de nuestro placer en complacerla, que superamos barreras y convencionalismos con el feliz fin de hacerla dichosa, muy dichosa.
Esta forma de pensar hace subir enteros la complacencia de la mujer, a la par que la predispone a subir los niveles de exigencia. Esto es algo totalmente lógico: si ella ve que cumples con tus tareas y obligaciones de un modo natural, te recompensa demandando más compromiso y dedicación por tu parte. Sí, amigo, es la puerta del paraíso.
Poco a poco, va creciendo en ella el gusto por dominarte, por obtener del árbol de tu entrega los frutos de su bienestar... Y siempre quiere un poco más.
Y es que primero, la mujer prueba. Luego, comprueba lo agradable que es, y guía sabiamente tu adoración hacia ella, hasta que la relación de dominación femenina se naturaliza y sus deseos afloran con facilidad. A esas alturas, ya sabes que tu único deseo es amoldarse a los suyos, sin excusas ni retrasos: no recibes órdenes para cumplir, entregas deseos cumplidos.
Atrás quedan las órdenes, es la hora de la lluvia de deseos.









