miércoles, 6 de agosto de 2008

Consejos para el lavado de la ropa delicada

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Son las prendas más envidiadas y adorables del universo, ya que no sólo están en permanente contacto con sus encantos; también contribuyen a su bienestar y confort más íntimo. Por ello, lavar la ropa interior de nuestra dama es un privilegio inmenso y precisa de una serie de atenciones especiales, que nos dan la oportunidad de demostrar nuestro cariño y entrega.

Para mí, es una excitante ceremonia de adoración. Suelo hacerlo de rodillas, desnudo, entregado en cuerpo y alma a mi labor. Y es que tener y mantener la ropa interior femenina en perfecto estado es una deliciosa obligación del hombre, a la que ha de concederse la máxima importancia ¿Cómo hay que proceder para que nuestro objetivo se cumpla?

En primer lugar, hemos de olvidarnos de la lavadora. La gran mayoría de la ropa interior es delicada: los aros de los sujetadores se pueden estropear, las bragas y braguitas padecen un desgaste innecesario, los encajes sufren, las delgadas tiritas de los tangas se deforman y la elasticidad y la suavidad de las prendas va desapareciendo paulatinamente. Nuestra única y agradable opción es el lavado a mano.

Respecto a las restantes prendas, es aconsejable consultar la etiqueta del fabricante, donde suelen indicar el tipo de lavado adecuado, pero, en caso de duda, usad vuestras manos. Los bikinis y los bañadores, las medias, y por supuesto, cualquier blusa o pantalón que sea especialmente delicada, hemos de incluirlos sin dudar en nuestra lista de lavado a mano.

Para ello, adquiriremos en la tienda detergentes líquidos ideados para lavar a mano (Woolite, Norit), e incluso los más mañosos pueden fabricar un jabón suave, al que añadiremos una fragancia del gusto de nuestra dama. Lavaremos cada prenda por separado, sin mezclarla jamás con ropa de otros colores. Con mucho cuidado y siempre dentro del agua, la frotaremos suavemente con nuestros dedos; nunca frotes entre sí las partes de la prenda, y menos contra una superficie dura. Finalmente, asegúrate de que no queda en ella rastro de jabón y procede a su aclarado -nunca a su remojo-, con el grifo de agua abierto. Con precisión y tacto, las colgaremos a secar, cuidando siempre de no colocar las pinzas en sitios que después pueden quedarse marcados por las mismas. Tras haber tendido las prendas, aplicaremos una crema a nuestras manos. No olvidad que ellas son las encargadas de dar masajes, y han de estar suaves y hidratadas ;-)

Finalmente, una vez secas, las doblaremos y guardaremos con mimo y orden en los cajoncitos del armario o de la mesita de noche acondicionados al efecto. Podemos forrarlos con papel de seda, y añadir flores secas con alguna fragancia, siempre muy suave. Esta fragancia la podemos cambiar en cada estación del año.

Podéis solicitarle el privilegio de ponérsela cuando se vista. Hacedlo sin rozarle siquiera la piel, no hagáis de una oportunidad de adorarla una excusa para un toqueteo fugaz: es vuestra diosa, y como tal tenéis que tratarla. Contened vuestros impulsos y seréis hombres felices y mejores servidores.

Tampoco estaría mal que de vuestro presupuesto salga siempre el gasto que conlleva comprar ropa interior. Es muy estimulante adquirir prendas que luego enmarcarán los encantos de nuestra dama y nos hará prestar atención a sus gustos en colores y formas.

Espero que estos consejos os sean de ayuda para poblar de sonrisas los rostros agradecidos de vuestras diosas. Ellas se lo merecen.

1 comentario:

fernan1000 dijo...

Mmmm, de repente me he imaginado un corro de hombres hablando de qué detergente lava mejor y me ha hecho sentirme más bien... Si es que hemos nacido para ser complacidas :-)

Bs,
Fernanda.